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Sobre bibliotecas y bibliotecólogos


Por: Iván Alonso Alarcón

La misión de las unidades de información es ayudar a la formación de nuevos ciudadanos, libres y pensantes que aporten soluciones al desarrollo de la sociedad y tengan un impacto sobre la comunidad, lo cual las obliga a implantar políticas, objetivos estratégicos, acciones técnicas, operativas y servicios pensados para ellos.

Por lo tanto, las acciones que identifican una biblioteca socialmente responsable son entre otras:

Apoyar al usuario proporcionándole la información con el mejor trato, las últimas investigaciones en la relación con el cliente no se basan en entregar un producto sino que se da en la forma óptima que se da dicha relación. Un buen trato y atención determina la fidelidad y la opinión negativa o positiva de una biblioteca.

Por eso las bibliotecas diseñan servicios centrados en atender al usuario como “pregúntele al bibliotecario”, así se amplían los horizontes del servicio de referencia. Los directores invierten tiempo y dinero en capacitar a su personal en atención al cliente, en entregar un servicio con el alma a sus usuarios, se evalúa constantemente el servicio y los jefes de área hacen retroalimentación con sus equipos para corregir o mejorar.

Es imprescindible la formación del personal de las bibliotecas como mediador de los procesos del aprendizaje. Esta formación debe estar presente tanto en la preparación inicial universitaria de los titulados en Biblioteconomía, como en los planes de formación permanente de los bibliotecarios en ejercicio.

Hay numerosos proyectos, experiencias y buenas prácticas de servicios bibliotecarios orientados a la formación de competencias básicas, capacitación laboral y apoyo al aprendizaje permanente. Con ello las bibliotecas demuestran su poder de promoción y generación de oportunidades para las personas.

El bibliotecólogo tiene que transmitir y hacer que la sociedad conozca la función de la biblioteca como institución de formación permanente, inclusión social y puerta de acceso a la sociedad de la información para todos. Más aún en esta época de tanta desigualdad debe ayudar a formar ciudadanos a través de la lectura, la búsqueda de información y la difusión del conocimiento.

También en la capacidad de poder escribir sobre diferentes temas que sean de interés para una comunidad estudiantil, el profesional de la información no puede limitarse a actualizarse en temas que son de bibliotecología o archivística y hablar de lo mismo (solo cuando es de autoformación), pero también hay que considerar que la misión es formar a otros. Por eso es necesario saber hablar y escribir de todo un poco.

Responsabilidad social también incluye la alfabetización informacional ya que implica una inclusión social (a todos los ciudadanos) y está fundamentada en una serie de cuestiones como la toma de conciencia de la necesidad e importancia de la información y el desarrollo de la capacidad para localizarla, evaluarla y utilizarla para solucionar problemas y que esté basada en el pensamiento crítico.

A propósito del  23 de abril cuando no solo se celebra el día del idioma sino también el de los libros y el bibliotecólogo, traigo estas  reflexiones sobre una profesión que está para servir a todas las demás disciplinas, un punto de vista que reitera que hay que tener amor por todo este cuento de las ciencias de la información, donde las expectativas de los usuarios para encontrar la información son altas y por esto no podemos defraudarlos.

 

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Un tema sobre in- pertinentes y todo el tiempo oportunos


Por: Nancy Castañeda

La biblioteca puede garantizar libertades y derechos humanos tan
básicos como la educación, la información, la libre expresión, la identidad y
el trabajo (…) Y también puede enseñar a leer: a leer las leyes que nos
protegen y los contratos injustos que intentan explotarnos, y la historia
verdadera de las luchas de nuestro pueblo, y las técnicas para solventar
nuestras carencias (…) En realidad, una biblioteca puede enseñar lo que
desee enseñar, porque posee el arma más potente que existe sobre la Tierra.
Esa arma no se carga con pólvora ni escupe fuego y muerte: funciona a base
de información, y de ella florecen ideas, comprensión, saber, inteligencia
y cultura (…).
(E. Civallero, 2006).

Hace algunas semanas hubo un tema interesante que se suscitó en el club de lectura sobre el libro El Olvido que Seremos de Héctor Abad Faciolince, centrando nuestra atención en varios temas como la capacidad del escritor para manifestar sentimientos tan profundos de amor hacia su padre, el reconocimiento hacia su madre y su actitud de liderazgo en la familia; sobre la realidad de la salud pública del país en ese entonces (especialmente años 70´s)  con problemas que hoy día prevalecen como si el tiempo no hubiera pasado: desnutrición y mal nutrición, falta de acceso al agua potable, precariedad en la prestación de servicios públicos, la salud como negocio, etc. Inquietudes importantes las que se generaron y realmente trascendentes, más allá de los puntos en los que normalmente se centran las personas al respecto de este libro y que les produce una especie de constipación en sus rostros.

En dicho espacio se destacaban también las acciones que había llevado a cabo Héctor Abad Gómez, la manera como reaccionó frente a esa precariedad en el tema de salud pública, con un sentido social tan marcado y comprometido con la causa que sus decisiones beneficiaron su realidad y la actual pues fue quien propuso (y quedó por ley) el prestar un año de servicio rural para los médicos, sin dejar de lado su ardua labor en el tema de derechos humanos, pero para infortunio de nuestra actualidad, la violencia (a la que él se refería como otra enfermedad) una vez más nos privó de contar con sus aportes y sabiduría, dando posibles soluciones desde esa perspectiva clara de la realidad que conoció por haberse untado de pueblo, por que ese contacto con las comunidades lo hizo sentirse en ocasiones impotente ante tanta necesidad y mucho por hacer. Personas como Héctor Abad Gómez, están dentro del grupo de quienes están más que convencidos de que su compromiso no es solo con la profesión por la mera labor de ejercerlo, es porque sienten el fuerte compromiso de la labor social y de trascender en la vida de las personas, en especial en aquellas que la realidad política las margina y les vende otra idea persuasiva, de democracia deliberativa y no participativa…craso error.

Es así que la historia de nuestro país nos da y nos arrebata; nos arrebata a esos seres que luchan incasables para que de manera equitativa todos veamos un paisaje de prados verdes  de tranquilidad, dignidad humana y tolerancia… pero también esos seres que parecen ángeles encomendados para una labor, dejan almas inquietas por seguir en la vida no pensando solo en el bien particular y más cercano, sino con la concepción de que así como el trabajo dignifica, las labores sociales aun más, sobre todo en un mundo en el que cada vez el capitalismo y el consumismo hacen que el humanismo, ese enfoque de valores humanos se desdibuje en el tiempo o termine por ser comercializado o convertido en un bien consumible.

Por tanto la academia, con toda la universalidad de saberes que concentra, no está exenta de influir en lo político y en lo social pues tiene las competencias para que toda su comunidad académica se haga sentir afuera, pues nuestra realidad es que “gran parte de la ciudadanía no tiene conciencia sobre sus responsabilidades cívicas y las transfiere de modo automático al Estado, con todas las implicaciones que acarrea”[1].

Así como la academia debe tomar parte de las múltiples realidades y transformarlas en beneficio de todos, la responsabilidad social de las Bibliotecas se hace efectiva por el hecho básico y fundamental de facilitar el acceso a la información, como lo afirma Civallero (referido al comienzo de este artículo). Así como debe haber compromisos institucionales, la responsabilidad cívica que ejercieron personajes como Héctor Abad y Jaime Garzón Forero, inoportunos para pocos, pertinentes para muchos y a quienes evoco y admiro, son el referente histórico para que esa suma de problemas sociales, no pasen a ser la suma de muchos olvidos…entonces, qué seremos?


[1] MANCIPE FLECHAS, Eduardo; CÁCERES ARIAS, Mery Alexandra.  La participación ciudadana y sus vínculos con la “democratización del conocimiento”: un análisis desde la perspectiva republicana. Revista Códice Vol. 5 N.° 2. P. 137

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Responsabilidad social empresarial (RSE)


Por: Javier Sáenz

Hoy en día la responsabilidad social empresarial (RSE) es un compromiso que asumen las organizaciones en el entorno social y  económico que conduce a nuevas expectativas relacionando empresa y sociedad.

Como lo menciona Peter Drucker, responsabilidad social empresarial es la habilidad que ha de tener la empresa para convertir los problemas sociales en oportunidades para la organización; lo que pretende con esta definición es que las organizaciones aprendan a conocer, hacer, convivir y lograr un papel de compromiso en el entorno con participación basada en valores  éticos, formando personal critico y creadores de nuevas formas de bienestar y desarrollo.

Todo el acontecer empresarial tiene relación directa con la ética, y por tal razón el comportamiento de la empresa no debe desligarse de las normas que condicionan el medio ambiente interno y externo de la misma, todo esto nos dice que se debe mantener una visión y misión organizacionales claras y prácticas.

La meta de la RSE es aumentar las oportunidades del mercado, con propósitos de atender a la sociedad en una buena base de conciencia personal y colectiva frente al mundo actual, y ser un modelo de nuevas innovaciones y crecimiento para las empresas involucradas en este nuevo proceso de mejoramiento continuo.

Un ejemplo de RSE en la Universidad de la Sabana es la Asociación de Amigos, que ha invertido más de 4500 millones de pesos en becas de pregrado beneficiando así a más de 1300 estudiantes.

Si quiere saber más sobre RSE, en la revista VIRTUALPRO (ed. 2010, no. 7) disponible en la Biblioteca encontrará una edición especial sobre este interesante tema.

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