Encuentros en la Biblioteca – Marzo 2019


Por: Ángela Suárez y Carmen Ruiz

La poesía de marzo

En marzo se celebra el día mundial de la Poesía y la Biblioteca Octavio Arizmendi Posada no ha querido dejar pasar la ocasión de celebrarlo en muchas maneras.

Iniciamos el mes con nuestro club de lectura de profesores número 63. En esta ocasión, con la lectura de la novela Muerte de un hombre feliz (Giorgio Fontana, 2016) viajamos a Italia a comienzos de la década de los 80, en la época más dura de la violencia perpetrada por grupos terroristas de izquierda contra políticos, periodistas y miembros de la judicatura. Contra ellos lucha, teniendo como únicas armas la ley, la razón, la justicia y poseedor de un espíritu compasivo con las víctimas y conciliador pero firme con los victimarios, el fiscal Giacomo Colnaghi. Nuestro protagonista es, como dice el título, un hombre feliz. De familia humilde -su padre fue un partisano asesinado durante la segunda guerra mundial-, es el ejemplo vivo de que se puede salir adelante en las circunstancias más duras, con esfuerzo personal, las oportunidades adecuadas y la decisión de vencer el odio que sólo conduce a la parálisis. Al menos, eso es lo que piensa el magistrado Colnaghi, convencido de que Italia es un país abierto y justo. Lleva una vida tranquila, está casado, con hijos, cuida de su madre, cultiva la amistad de pocos pero buenos amigos, le gusta la soledad, la lectura y los placeres sencillos de la vida. Hasta que recibe el encargo de investigar el asesinato de un político democristiano… No contaremos más. Este relato nos conmovió por su delicadeza, inteligencia, valentía y dolor. Y nos puso a pensar en nuestro aquí y ahora, en nuestra Colombia. Resulta un motivo de consuelo y esperanza que el narrador haya nacido precisamente el mismo año en el que transcurre el libro. ¿Qué historias pueden contar las generaciones de jóvenes escritores colombianos nacidos en los años de plomo? No en vano, la obra ha sido galardonada en Italia con el premio Campiello en 2014 por su clara defensa de los valores de la libertad y la dignidad humanas.

Para rescatar la poesía de la vida cotidiana hemos visto y comentado la película turca El sueño de la mariposa (2013) de Yilmaz Erdogan en nuestro cine-foro. El film reconstruye algunos días de la vida de dos jóvenes poetas que trabajaban en las minas de carbón durante la Segunda Guerra Mundial. La trama se desarrolla con la excusa de una competencia: al enamorarse los dos de la misma mujer han resuelto que cada uno le escribirá un poema anónimo y dejará que ella decida cuál es el mejor. Sin embargo, aquello no es más que una excusa para ir desarrollando un guión que entrelaza asuntos políticos y de clase, junto con paralelas historias de amor, enfermedad y tragedia. Aunque el grupo de asistentes fue pequeño, las reflexiones que la película nos suscitó fueron muy profundas. Se derramaron lágrimas en nombre del amor y de la amistad. Y nos quedamos con la pregunta: ¿cuál va a ser mi obra? Uno de los rasgos más valiosos que veíamos en los jóvenes  poetas era su completa devoción a su trabajo –la creación poética– sin más aspiraciones que las de crear algo bello. Nos gustó ver cómo mientras, al principio, se pavoneaban diciendo que el amor era una excusa para la poesía, más adelante es la poesía la que se convierte en una excusa para la vida. Parece que tener una conciencia tan próxima de la muerte, como la tenían Muzaffer y Rustu, da otra perspectiva a la vida. El tiempo se vuelve más apremiante, la vida no empezará cuando se acabe la universidad, cuando estemos casados o cuando tengamos hijos. La poesía es ahora.

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El mismo 21 de marzo tuvimos nuestra 50ª Velada Literaria y decidimos homenajear la diversidad cultural de nuestro país. Las invitadas especiales eran Mónica, Juliana y Sara, estudiantes de Psicología que estuvieron realizando una Investigación de Acción Participativa en el ETCR[1] Héctor Ramírez en el marco de la materia Psicología Comunitaria Aplicada al Posconflicto. Viviendo once días entre excombatientes de las FARC constataron que en nuestro país cohabitan distintos tiempos vitales. Que veinte años en la selva empuñando armas y veinte años en la comodidad de una vida clase media en Bogotá distan mucho, pero que, aún así, hay mucho que “ellos” tienen para enseñarnos y que “nosotros” tenemos para dar. La deslegitimación de los saberes que los exguerrilleros han adquirido de manera empírica y el despropósito de escolarizarles a partir de cartillas españolas fue una de las cosas que más les llamó la atención. También se sorprendieron del fuerte sentimiento de protección que les daba estar rodeadas de hombres y mujeres que antes eran soldados de una guerrilla y hoy son zapateros, cultivadores de piña, piscicultores y avicultores, actividades con las que sostienen su naciente comunidad. Esta experiencia fue consignada por ambas partes en escritos y representaciones gráficas que esperamos ver publicados pronto, algo de eso también lo compartieron nuestras invitadas especiales con los demás asistentes.

[1] Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, se crearon a partir de las zonas veredales de desmovilización en las que se concentraron excombatientes de la guerrilla de las FARC que ahora se encuentran en proceso de reinserción en la estatalidad.

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Sergio, estudiante de ingeniería de sistemas, también nos compartió su experiencia de voluntariado en la vereda Getsemaní de Puerto López, Meta. Ahí convivió durante las fiestas decembrinas con grupos de desplazados provenientes de la Costa Atlántica, del Chocó y del Valle: una comunidad que se tomó una montaña y ya suma más de 3.000 personas y que vive completamente al margen del Estado. Sorprendido por la precariedad material en que viven, y de que de todos modos se sienten agradecidos por el hecho de poder vivir en paz, Sergio nos habló de cómo pequeñas acciones de nuestra parte podrían ayudarles a vivir mejor. En su experiencia aprendió a saludar en dos lenguas indígenas para poder hacerse más cercano a dos comunidades que vivían cerca de Getsemaní y conocer mejor sus modos de vida -lejanos a la idílica representación de lo indígena que muchos en las ciudades pudiéramos tener. También aprendió que palabras como purificar y fumigar pueden tener otros sentidos cuando se usan para hablar de cómo los paramilitares asesinaron personas de estas comunidades.

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Después de escuchar estos dos testimonios de regiones olvidadas por el Estado, y especialmente marcadas por la violencia, cedimos el turno a otros participantes de la Velada. Seguimos explorando la violencia en sus formas narrativas, pero no exclusivamente. También leímos sobre la experiencia de ser migrante y negro en Bogotá, y de ser discriminado por ello. Leímos poemas románticos de Julio Flórez. Y leímos sobre la tradición oral colombiana, que hace parte de nuestra realidad cotidiana. Por supuesto, también fragmentos de escritores consagrados como Álvaro Mutis y García Márquez. Al proponer una velada que fuese más que realismo mágico queríamos desmarcamos de las visiones exotizadoras y homogeneizadoras de Colombia. En dos horas y media de lecturas y conversaciones pensamos haberlo logrado. Nos damos cuenta de que la literatura nos devuelve la realidad a veces embellecida y a veces con demasiada crudeza, pero en todo caso necesaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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