Hay que leer, pero ¿cómo leer?


Por: Felipe Contreras

Un año más celebramos la Feria del Libro en Bogotá. En cada feria se resalta la importancia de los libros y de la lectura para el desarrollo de la sociedad y la cultura de cada país, en nuestro caso, Colombia. Pero no se puede hablar de cultura sin referirnos a los hábitos y costumbres en cualquier ámbito: el hogar, el educativo, en nuestros colegios. Pensemos un poco en el hábito de la lectura y en cómo inculcarlo mejor desde pequeños.lectura

En el marco de la conmemoración de los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, asistí a una velada literaria en la que redescubrí a un Cervantes muy distinto al que yo recordaba de mi época escolar y de la tediosa lectura obligada del Quijote y sus larguísimas páginas. La velada estaba conducida por profesores expertos, pero sobre todo, apasionados, quienes explicaron de una forma excepcional la importancia, el contexto histórico y lo que quería expresar Cervantes con aquel caballero, su escudero y su gran batalla con los gigantes de aspas. La emoción con la que hablaban se fue contagiando entre todos los asistentes reunidos en una pequeña sala. Y, en un momento, ya no estábamos allí sino viajando por la España cervantina, adentrándonos en sus costumbres, riéndonos con las anécdotas de la vida de estos escritores, comprendiendo sus sufrimientos, sus luchas, etc. Pude sentir que Cervantes también me estaba hablando a mí, 4 siglos después. Me emocioné.

 No soy un lector muy dedicado, pero ahora me pregunto qué hubiera pasado si durante mi primaria y secundaria hubiera tenido profesores, como los de la velada, que me hablaran con esa pasión y conocimiento profundos. Por supuesto, debo reconocer que no todos los docentes con los que me topé en mi vida fueron aburridos, hubo una que me despertó ese interés por la lectura, como también lo hizo mi mejor amigo en la secundaria. Tampoco podría culpar a mis padres que medianamente me acercaban como podían a algunos libros. Mi punto es que se debería trabajar más en ello: encontrar personas apasionadas por la lectura, para que enseñen cómo leer un libro, cómo disfrutarlo, cómo atraerlo con críticas y comentarios que deslumbren al niño y al joven lector. Para que éste se apasione con los clásicos y no tan clásicos, como los bestsellers que merezcan la pena. Para poder rescatar y sacar del olvido pesado a Cervantes, Shakespeare, Dante, Homero…

 De acuerdo, hay que leer, pero si hay alguien (un gran amigo, un maestro) que pueda recomendar un buen libro, que nos hable de él, que nos entusiasme, será más fácil y más agradable.

 

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