Breve semblanza sobre Mutis, el gaviero


Por: Mónica Montes Betancourt, Profesora Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas

El reciente fallecimiento de Álvaro Mutis (Bogotá, 25 de agosto de 1923 – México, 22 de septiembre de 2013) es ocasión para reflexionar sobre el legado de un escritor sólido y sugerente, uno de los creadores más originales en el panorama de la narrativa contemporánea. Su creación recorre la poesía y la novela, aunque el autor se reconoció siempre como un poeta. Por eso, sus narraciones privilegian el sentido espacial, antes que el temporal; son eternización del instante que atomiza la concepción tradicional de los géneros literarios.

El universo que recrea rinde tributo a los rincones de la infancia, en especial, a Coello, finca cafetera fundada por el abuelo materno,  edén al que retorna siempre como núcleo germinal de su poética. «Toda mi vida interior y cada línea que escribo tienen que ver con Coello, en Tolima. Yo cargo esas imágenes, esos olores, esos rincones, los llevo conmigo y por eso escribo, para que sigan vivos[1]».

Su infancia fluye en medio de los desplazamientos entre Bélgica y Colombia ya que su padre, Santiago Mutis, ejercía un cargo diplomático en este país. La experiencia del viaje despierta su fascinación por el mar y los barcos.  A los nueve años, después de la muerte del padre, su familia se traslada a Colombia, pero toda su vida sería un viajero, con una reserva inagotable de recuerdos de viaje. Participó en los inicios de la revista Mito, liderada por Hernando Valencia Goelkel y Jorge Gaitán Durán, espacio intelectual del que surgieron algunas de las voces más significativas en el panorama de la literatura nacional.

En 1956, fijó su residencia en México mientras huía de los problemas legales por haber empleado arbitrariamente, como jefe de relaciones públicas de la Esso, el dinero que la empresa destinaba para obras benéficas. Sin embargo, la Interpol lo retuvo 15 meses en la prisión de Lecumberri: una experiencia dolorosa pero fecunda de la que surgieron el Diario de Lecumberri, las siete novelas sobre Maqroll, el gaviero, y una nueva perspectiva de vida.

 En la cárcel tú llegas al final de la cuerda; todo lo que sucede en la cárcel es verdad absoluta. Ahí no tienes lugar especial, ni por tu posición social, ni por tu condición de escritor; pierdes todos tus privilegios, y eso es muy sano… Estás frente a la nada, no sabes qué va a ser de ti[2].

Residencia en la tierra de Pablo Neruda, con sus imaginarios sobre un mundo en el que el sol descompone lo que toca y la luz es artífice del caos, es una de las obras que más lo influyen. En su creación, adopta esta visión desolada de la existencia y una cosmovisión en la cual confluyen pasión y languidez,  fuerza y destrucción, porque Mutis celebra y deplora la vida al mismo tiempo.

Su producción incluye los poemarios La balanza (1948), Los elementos del desastre (1952), el Diario de Lecumberri (1960) —escrito en prisión—, La mansión de Araucaíma y las siete novelas agrupadas bajo el título Empresas y tribulaciones de Maqroll, El gaviero: «La nieve del almirante», «Ilona llega con la lluvia», «Un bel morir», «La última escala del Tramp Steamer», «Amirbar», «Abdul Bashur soñador de navíos» y «Tríptico de mar y tierra».

Fue galardonado con los premios Nacional de Letras de Colombia (1974), Premio Nacional de Poesía (1983), Príncipe de Asturias (1997), Reina Sofía de Poesía iberoamericana (1997), Ciudad de Trieste de Poesía (2000), Cervantes (2001), Xavier Villaurrutia (2009).

Maqroll, el gaviero, protagonista que, nace, muere y reaparece en una porción significativa de su creación literaria, es un errante, un vagabundo que busca lo desconocido y se abandona al azar. «No está encerrado en ninguna definición corpórea; su destino no sigue ninguna línea, trazada o previsible[3]». Es un viajero que aúna el recorrido espacial con la experiencia íntima, y el devaneo con la búsqueda de sentido. Nunca encuentra el norte porque cada puerto al que arriba se le antoja como nuevo punto de partida, como invitación al viaje; es un desarraigado que privilegia el impulso y la experiencia centrífuga.

Como gaviero, se ocupa de la gavia, la vela del mastelero mayor. Poniatowska ve a Mutis como un gaviero: «…navega con las tres gavias. No sólo encandila a las mujeres, también a los hombres porque es generoso, buen amigo y sobre todo tiene un don: hacer feliz a quien está a su lado[4]».

Si desea saber más sobre la vida y obra de Álvaro Mutis puede acercarse a la oficina de Asesoría Bibliográfica en el primer piso de Biblioteca o asistir al conversatorio organizado para el día Jueves 7 de Noviembre de 3:00 a 5:00 p.m. en la Sala de Lectura


[1] «Conozco México mejor porque estuve en Lecumberri», entrevista concedida a Elena Poniatowska, en www.jornada.unam.mx/2013/09/01/opinion/a03a1cul,  consultado el 5 de octubre de 2013.

[2] Entrevista a Elena Poniatowska.

[3] Panabière, Louis, «Lord maqroll», en Tras las rutas de Maqroll el gaviero, Bogotá, Instituto colombiano de cultura, 1993.

[4] Poniatowska, Elena, Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska, México, Alfaguara, 1997, pp. 14-15.

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