Bogotá fue Beethoven


Por: Carmen Ruiz

bogota es beethovenDel 27 al 30 de marzo se celebró en Bogotá el I Festival Internacional de Música que bajo el lema “Bogotá es Beethoven” rindió homenaje al imprescindible compositor alemán. Fueron 4 días, 12 escenarios, 56 conciertos y más de 420 artistas de diferentes partes del mundo.

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1870 – Viena, 1827) marcó un antes y un después en la historia de la música y su influencia posterior fue decisiva. Con una obra que abarca desde el período clásico hasta los inicios del romanticismo musical, las notas características del Sturm und Drang no podrían definirle mejor: la tormenta y el ímpetu, la tempestad y la pasión. Creo que así me imaginé desde pequeña a Beethoven. Mi madre, que había estudiado la carrera de música y piano, conservaba un retrato de él que presidía el cuarto de música de la casa en la que crecí. Recuerdo que me inspiraba un temor reverencial y una atracción inexplicable. Como Walt Whitman. Como la Belleza.

Sigo ávida de belleza, como los bogotanos, que agotaron las entradas al festival en plena Semana Santa. La música es la más espiritual de las artes, mueve el corazón y lo purifica. Al fin de al cabo, las sonatas, las sinfonías, los cuarteros, etc., no son más que historias, aunque con otro lenguaje. Y no podemos vivir sin historias. De entre las composiciones de Beethoven que tuve la suerte de escuchar quisiera destacar dos:

  • La Sonata para piano n° 8 en do menor, Opus 13, que tocó el pianista inglés John Lill. Escrita entre 1798 y 1799, cuando Beethoven tenía 27 años, y que fue subtitulada por el editor “Patetica”. Si la escuchan entenderán por qué. Cada uno de los tres movimientos es emoción, pathos, en estado puro. Sin duda, mi sonata favorita.
  • La Orquesta Sinfonía de Rotterdam realizó una interpretación poderosa de la  Tercera Sinfonía en mi bemol mayor, Opus 55, Eroica. El “héroe” de esta historia es Napoleón en quien Beethoven veía la encarnación de los ideales de la Revolución Francesa. En un principio le dedicó la sinfonía; sin embargo, cuando Bonaparte se autoproclamó emperador, Beethoven se enfadó tanto que borró la dedicatoria y sustituyó la “Marcha triunfal”, que constituía el segundo movimiento, por una “Marcha fúnebre”. La tormenta y el ímpetu del carácter del músico alemán manifestándose una vez más. Años más tarde, aquella “Marcha triunfal” original de la Tercera Sinfonía se convirtió en el último movimiento de la Quinta.

En la biblioteca contamos con la apasionada y conmovedora biografía de Beethoven (780.93 R749b) escrita en 1903 por Romain Rolland a partir de las fuentes originales (las cartas del músico, los testimonios de sus amigos). El cine también nos ofrece historias basadas, la mayoría libremente, en la vida del compositor alemán. Una de ellas es Immortal Beloved (1994), que toma su título de las cartas de amor que Beethoven escribió a una “amada inmortal” y misteriosa y que se encontraron a su muerte.  Otra es Copying Beethoven (2006) dirigida por Agnieszka Holland y protagonizada por Ed Harris. Esta película se basa en una ficción dramática centrada de los últimos años de la vida creativa del compositor cuando está terminando la Novena Sinfonía y necesita una copista que le ayude. La escena del estreno de la Novena es inolvidable, el cuarto movimiento está basado en la Oda a la Alegría, escrita en 1785 por el poeta romántico alemán Friedrich von Schiller. Tengo grabada también en mi memoria la escena del partido de fútbol en la película Dead Poets Society cuando Mr. Keating es llevado a hombros por sus alumnos y se escucha un fragmento de esta oda cantada por el coro:

[…] Quien haya alcanzado la fortuna

de poseer la amistad de un amigo, quien

haya conquistado a una mujer deleitable

una su júbilo al nuestro.

Sí, quien pueda llamar suya aunque

sólo sea a un alma sobre la Tierra

Y quien no pueda hacerlo,

que se aleje llorando de esta hermandad.

La segunda edición de este Festival Internacional de Música se realizará dentro de dos años y hará un homenaje a otro de los grandes compositores de la música clásica: Wolfgang Amadeus Mozart. Mientras esperamos que Bogotá sea Mozart y con ello una oportunidad de vivir de más musicalmente, nos esperan otras historias, nos espera el XIV Festival Iberoamericano de Teatro en el 2014. No se lo pierdan.

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