Imaginando el mundo: recuerdos del Hay Festival Cartagena de Indias 2013


Por: Carmen Ruiz

Todo comenzó en un pueblito encantador de Gales llamado Hay-on-Wye. Este recóndito lugar, cuya población no supera los 2.000 habitantes, poco a poco se fue haciendo famoso entre los bibliófilos por la treintena de librerías que hay en él, algunas de más de 40 años, la mayoría de libros usados. En 1988 se creó un festival de literatura y artes, que cada año durante 10 días en mayo  atrae a unos 80.000 visitantes para ver y escuchar a los grandes nombres del panorama literario y artístico. Pero el Hay Festival que comenzó en un pueblito galés es hoy un festival que se celebra en 10 países alrededor del mundo, entre ellos Colombia.

A finales del pasado enero tuve la suerte de asistir a la octava edición del Hay Festival Cartagena de Indias, que, bajo el lema “Imagina el mundo” reunió a dos premios Nobel, escritores y artistas de 23 países, 82 eventos (charlas, conciertos, entrevistas, proyecciones, lecturas en voz alta, etc.) y una audiencia total de 47.420 personas, incluidos los asistentes al Hay Festivalito, Hay Joven, Hay Festival Riohacha y Hay Verde Medellín. Para que luego digan que no interesan estas cosas… Si me preguntan a mí, les diré que esos 4 días fueron lo más parecido al cielo en esta tierra. Primero por el continente, el escenario de los eventos: la ciudad amurallada y su magia de callecitas estrechas, colores cálidos, buganvillas desbordándose por los balcones, el Teatro Heredia, el Claustro de Santo Domingo, el Hotel Santa Clara, la Plaza de la Aduana, la luz…; segundo, por el contenido. Resumir es muy difícil, pero lo voy a intentar. Ahí van unas breves pinceladas.

La primera charla a la que asistí fue “Fútbol y literatura”. El argentino Eduardo Sacheri, autor de La pregunta de sus ojos (llevada al cine como El secreto de sus ojos, ganadora del Óscar a la mejor película extranjera en 2010) y Daniel Titinger, periodista y director del diario deportivo “Depor”, en divertida conversación con Daniel Samper Ospina, hicieron un recuento de los grandes escritores que han tenido el fútbol como uno de sus temas preferidos: Onetti, Vázquez Montalbán, Fontanarrosa, Galeano, Villoro, etc. El fútbol, dijeron, es lo que más se parece a la vida. En cada partido, en pequeña escala sucede todo: la vida, cosas que no terminan en nada, la muerte… y vuelta a empezar. Se puede jugar bien y perder, como en la vida. Recordaron también a Marías para quien el fútbol es “la recuperación semanal de la infancia y […] temor y temblor, dramaticidad y zozobra, una mezcla de sentimentalidad y salvajismo, una escuela de comportamiento y nostalgia, y la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo”. Con el tiempo justo para tomarse algo en el Café del Mar y quedarse extasiado ante la puesta de sol, regresamos al Teatro Heredia para escuchar al escritor irlandés Colum McCann. Para mí fue todo un descubrimiento: su generosidad, su optimismo, su manera de beberse la vida, su escritura. Nos hizo un maravilloso regalo: leyó en voz alta un texto que acaba de escribir con sus primeras impresiones de la ciudad: colores, sonidos, sabores, gentes, detalles… Creo que es lo que diferencia a los grandes: el saber mirar. Anoté una frase que citó de Samuel Beckett, compatriota suyo: “No matter. Try again. Fail again. Fail better.” Este primer día del Hay,  jueves,  terminó de noche con un concierto en la Plaza de la Aduana de la cantante y compositora afroperuana, Susana Baca.

El viernes arrancó con el escritor español Javier Cercas y el colombiano Juan Gabriel Vásquez. Yo había llevado conmigo mis ejemplares de Soldados de Salamina e Historia secreta de Costaguana, leídos hace años, viajados. Me hizo mucha ilusión que me los dedicaran. La verdad es que no se puede transmitir con palabras lo que es estar escuchando y hablando, aunque sea de manera breve, con los escritores que uno ha leído y admira por los mundos que imaginan y nos cuentan. Cercas y Vásquez, amigos desde hace años, fueron recorriendo la trayectoria literaria del primero en el que ninguna novela se parece a otra. En ese sentido Vásquez lo comparó con Pamuk. Cercas explicó que para él  la verdadera novela tiene siempre un punto ciego, es decir, un punto a través del cual no se ve nada, sólo hay silencio, y, sin embargo, es ahí precisamente donde la novela se vuelve más elocuente. Así sucede, por ejemplo, en el Quijote: don Alonso Quijano está loco, pero en su locura es el hombre más cuerdo. Esto plantea una ambigüedad esencial que no puede resolverse y en la cual está el quid de la novela. Novelar es formular una pregunta de la forma más compleja posible. No importa que la respuesta nunca llegue en el texto o que no haya respuesta. Vásquez coincidió con él en que la literatura explora las zonas grises de la condición humana, la ambigüedad, la falta de respuesta.

Por la tarde, había mucha expectación por escuchar a  la Nobel rumana Herta Müller y no defraudó. Diminuta, de negro (en Cartagena uno siempre acaba por convertirse al blanco, pero ella no cedió ni un ápice), con una mirada azul gélida, a ratos lúgubre, a ratos lírica, a ratos valiente, conversó con su traductor al inglés Philip Boehm. Recordó lo que fue crecer en un pueblo de minoría alemana y católica que hablaba el dialecto suabo. Tuvo una infancia solitaria, en contacto especial con la naturaleza: “mi niñera era el jardín de mi casa”, contó. Hablaba con las plantas y los animales, con ellos la niña interpretó el mundo dictatorial que le rodeaba. “Los grandes árboles de los edificios oficiales eran crueles, las flores de los funerales de funcionarios, traidoras por marchitarse tan rápido, sólo me gustaban las populares, las de la gente”. Cuando se trasladó a la ciudad a estudiar el bachillerato tuvo que aprender el rumano. “El dialecto era algo sospechoso que provocaba escepticismo en la sociedad. Pronto me di cuenta de que la lengua que rechazaba tenía una melodía, una parte poética muy interesante desde el punto de vista metafórico, aunque en ocasiones suene dura y vulgar”.  Tuvo que salir de su ensimismamiento para abrirse a las relaciones sociales, pero se notaba que sigue sin gustarle, que prefiere el silencio, su medio de supervivencia en la Rumania de  Ceaușescu: “Yo siempre aprendí que el silencio es una buena forma de comunicación, con los gestos y los movimientos. En nuestra casa nos comunicábamos así, sabíamos qué nos pasaba aunque no habláramos de lo que nos ocurría”, continuó. “El silencio es una gran dimensión, esencial en las dictaduras, muy importante al escribir”.

Salimos de la charla conmovidos y como con una carga crítica pesada. Sin abandonar ese espíritu de denuncia, aunque con otro talante más ligero, menos grávido, el filósofo (perdón, profesor de filosofía, como él mismo puntualizó) y escritor español Fernando Savater hizo las delicias del público en su charla con Carlos Granés, uno de los mejores ensayistas de Colombia. Realmente los asistentes estábamos entregados. Savater contó que su afición juvenil por la literatura le decantó como escritor: “Después de leer a Bradbury, supe que quería escribir”. Aunque personalmente no estoy de hay-festival-2013acuerdo con todos sus análisis, debo reconocer que son de una lucidez extraordinaria. Uno se perdería muchas cosas buenas en la vida, muchas oportunidades de crecer, de ser más, de vivir de más, si no escuchara o leyera a alguien sólo porque no coincide 100% con él. Fue valiente, como lo ha venido siento estos últimos años, en su crítica al nacionalismo vasco, al sibaritismo en que se ha convertido la “nueva cocina”, al multiculturalismo que olvida que lo maravilloso de los seres humanos es lo que nos une, lo universal. Según él, se avanzará cada más en el estudio científico del cerebro, pero la ciencia no agota la explicación de lo espiritual en el hombre, de los valores morales y cívicos, al igual que un cuadro de Rembrandt no puede explicarse únicamente por los pigmentos empleados, el tipo de lienzo, etc. La guinda del pastel fue terminar la jornada con un conversatorio-concierto ofrecido bajo la luna por Iván Benavides, Andrés Cepeda, Fonseca, Fernando Gaitán y William Ospina, de nuevo en la Plaza de la Aduana, en torno a la poética popular y el escribir música. Hicieron un recorrido por las canciones de siempre, desde México hasta Argentina. Inolvidable. Nadie se quería ir.

La mañana del sábado me deparó una grata sorpresa porque en el claustro de la iglesia de Santo Domingo descubrí a un poeta que casi susurra la belleza: Antonio Colinas (León, España, 1946). Tímida y delicadamente iba contestando a las preguntas que le hacía Guido Tamayo acerca de sus primeros poemas, de la memoria, de las raíces, del nacimiento al amor, del cuidado en el estilo, de la razón poética…  y escuchándole comprendí que el alma del poeta se orienta hacia el misterio, como dice Machado. Compré sus Tres tratados de armonía y me escribió una dedicatoria que habla de las búsquedas difíciles. Y por la tarde acudí al encuentro con David Grossman (Jerusalén, 1954). Ya he hablado en este blog de mi admiración por los escritores judíos, de que sus historias iluminan aspectos esenciales del claroscuro humano. Grossman es uno de ellos. Tan sólo con que lean la carta que publicó cuando su hijo Uri murió al ser alcanzado por un misil de Hezbolá entenderán. Entenderán la dimensión moral de imaginar el mundo, de la literatura. “Cuando empiezo a escribir siento que todo es posible y todo está afuera, siento libertad interior, siento la dulzura de no ser una víctima”, dijo. “Los judíos somos grandes supervivientes. Sobrevivimos en el pasado para vivir, pero ahora la tragedia es que vivimos nuestras vidas sólo para sobrevivir”. Y continuó: “No digo que no debamos ser un estado fuerte. Necesitamos un ejército que le permita a Israel seguir existiendo en un barrio peligroso. Pero el poder no puede ser el único idioma para conversar con nuestros vecinos. Nuestra posición no es popular porque en Israel la gente es apática y cree que la posibilidad de que ambos pueblos vivamos mejor es una ilusión peligrosa. Porque debilita nuestra capacidad de funcionar como guerreros en esta situación. Si alguien sólo tiene contacto con sus miedos y su motivación es la desesperación, no podrá ser un buen guerrero. No está en contacto con la realidad sino simplemente con la proyección de sus pesadillas. No conoce su enemigo. Solo hay prejuicios. Y esa es la realidad en Israel y Palestina hoy día. La mejor garantía para un futuro para ambos pueblos es la paz. Tenemos que poder vivir con aspiraciones mucho mayores que las de la simple supervivencia. Quiero todas las capas de una vida plena”.

Y, por si lo anterior no fuera suficiente riqueza, todavía pude enriquecerme más el sábado con el escritor inglés Julian Barnes y el Nobel peruano Mario Vargas Llosa en conversación con Marianne Ponsford, directora de la revista “Arcadia”. Ambos comparten su admiración por Gustave Flaubert, el escritor francés más universal.  Hubo erudición y humor. “Cuando estoy muy deprimido, dijo Vargas Llosa, leo el suicidio de Madame Bovary. No sé si algún día un psicoanalista me pueda explicar la razón de esto, pero al leer esa escena donde ella se toma el veneno, siento que me reconcilio con la vida”. Barnes confesó que Emma Bovary era una mujer interesante, pero que aún así quien estaba enamorado de ella, y lo había confesado veinte años atrás, era el Nobel peruano, que no negó esa fascinación. “No es una chica frívola, dijo. Ella lee novelas rosa y piensa que la vida puede ser así, como una novela rosa. En ese sentido es como el Quijote, que quiere recrear en la vida real lo que ve en la ficción”.

El domingo llegó y me invadió la nostalgia del final de las cosas buenas. Hubo cancelaciones y cambios en la programación que hicieron que me quedara sin escuchar a Wade Davis, antropólogo de la Universidad de Harvard, además de etnobotánico, autor y fotógrafo, cuyo libro El río fue el fruto de años de trabajo de campo en el Amazonas. No había podido viajar a Cartagena. También me quedé con las ganas de escuchar al escritor italiano Erri de De Luca, aunque compré su libro Los peces no cierran los ojos y estoy disfrutando de leer frases como ésta: “Nacer y crecer en Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto”. Otro mundo imaginado en el que vivo de más. Sí pude en cambio asistir a la entrevista en la  que Julian Barnes habló con la jovencísima Valeria Fusilli de su última novela, El sentido de un final, ganadora del Man Booker Prize 2011. Empecé a leer ese libro haciendo fila bajo un sol de justicia para entrar al Teatro Heredia a esa charla y cuando el avión que me traía por la noche de regreso a Bogotá aterrizó ya lo había terminado. No les digo nada más.  Por la tarde, tratando de que la tristeza del final no me impidiera disfrutar todavía pude gozar en el Salón del Rey del Centro de Cooperación Española de “Historias políticas”, una conversación con el escritor Óscar Collazos de tres autores:  Álvaro Enrique (México), Arturo Fontaine (Chile) y Juan Gabriel Vásquez (Colombia). Analizaron esos libros de ficción que reflejan, analizan y proponen las políticas del continente. Muy interesante.

Ya llevo mucho contado y apenas refleja lo que fue el Hay Festival Cartagena de Indias 2012. Es muy difícil resumir siquiera lo que fueron los 12 eventos a los que asistí de un total de 82. Este año, por ejemplo, con motivo del veinticinco aniversario del primer Hay se ha comenzado el Proyecto online Hay 25, que reúne una biblioteca virtual de ideas y opiniones obtenidas en los distintos Hay Festival que se celebran alrededor del mundo (). Beirut, Budapest, Nairobi, Segovia, Estambul, Kerala… Me queda para saborear el resto del año todo lo que escuché, todo lo que anoté. Seguiré los caminos que me abrieron estos escritores e imaginaré los mundos que me ofrecieron. Y, sobre todo, soñaré con la próxima cita: el Hay Festival Cartagena de Indias 2014 del 30 de enero al 2 de febrero. Escritores, caminos, libros, mundos… Lean señores. Imaginen el mundo.

1 comentario

Archivado bajo Eventos institucionales, Temas literarios

Una respuesta a “Imaginando el mundo: recuerdos del Hay Festival Cartagena de Indias 2013

  1. Ana María Araújo

    Recordar es vivir! Ojalá que muchos puedan acudir a la cita de 2014 en Cartagena y después recordar juntos!
    Gracias Carmen por tu relato, como siempre evocador y retante

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