Una polaca en Bogotá


Por: Ania Barczyk*

Escribo estas palabras porque me lo ha pedido Carmen. Se supone que tiene que ser un texto breve para el blog de la Biblioteca, ergo debería escribir sobre libros. Sin embargo, ahora me estoy quedando en blanco y lo único que me viene a la mente son los recuerdos de Colombia, el país que conocí superficialmente hace unos meses. Un país caótico, colorido, alegre, ruidoso, seductor: un país “chévere”.

BogotáMi primer día en Bogotá estuvo lleno de emociones. Tras un interrogatorio incómodo (malacostumbrada a la Unión Europea, suelo cruzar el viejo continente sin siquiera mostrar ningún documento de identidad), una funcionaria muy desconfiada me concedió noventa días de estancia. De camino al hotel tuve la oportunidad de captar el fenómeno de las busetas. En el tercer carril, contando desde la acera, se paró bruscamente un pequeño bus del que bajaron unas cuantas personas acompañadas de la sinfonía de cláxones y haciendo eslalon entre los coches. Atemorizada, le pregunté al conductor del coche que me llevaba: “¿Qué ha pasado?”. Él, completamente sereno, repitió mi pregunta: “¿Qué pasó con qué?”  “¡Con el autobús!- respondí-. ¡Ha parado en el medio de la carretera! ¿Por qué la gente está huyendo?”.  Y es que ya me estaba imaginando una bomba (¡ah sí!, luego me enteré que una bomba es también lo que en España llaman gasolinera), atracadores, guerrilla, o algo por el estilo. De acuerdo, lo admito, me invadieron en un segundo todos los estereotipos. El conductor se echó a reír: “Bienvenida a Bogotá”. Tengo que reconocer que me acostumbré muy rápido al excelente sistema de las busetas y ahora, en cambio, añoro tanto el poder subir y bajar del autobús cuando me da la gana…

El motivo de mi viaje a Colombia fue la investigación que estoy llevando a cabo para mi tesis doctoral sobre la inmigración vasca en este país. Dediqué la mayor parte del tiempo a grabar entrevistas y buscar documentos, sobre todo en el Archivo General de la Nación, donde pasé incontables e inolvidables horas, cubierta de varias capas de jerséis, chaquetas y bufandas (hacía tanto frío como en Vitoria en invierno, la ciudad vasca en la que vivo). El personaje central de mi proyecto es Francisco de Abrisketa Irakulis, el primer Delegado del Gobierno Vasco en las tierras colombianas. No fue el único importante porque, como indica Jon Bilbao: “Vascos en América los ha habido siempre. Es decir, desde que Cristóbal Colón llegó en 1492 a las Antillas. Porque el País Vasco ha sido tradicionalmente un centro importante de actividades marítimas y de fabricación de navíos (1)”. Sin embargo, Colombia nunca ha sido el destino preferido de los vascos. En las estadísticas se coloca detrás de la favorita Argentina, Uruguay, México, Venezuela o Estados Unidos. A pesar de todo, la colectividad vasca en Colombia siempre ha formado un abanico de personajes muy interesantes.

Pude comprobar que había muchos ciudadanos colombianos con apellidos de origen vasco: Arciniegas, Gabilondo, Gardeazábal, Echeverri, Larrañaga, Ugarte, Zulaica, etc. La lista de apellidos es muy larga. Los autores del libro Amerikanuak. Los vascos en el Nuevo Mundo comentan que “se ha sugerido que la alta incidencia del mundo empresarial actualmente en la región de Antioquia se puede atribuir directamente a la inmigración vasca y, por tanto, a sus rasgos caracterológicos. Pocos colombianos y peruanos de hoy de remota ascendencia vasca son conscientes de su herencia étnica. Sin embargo, (…) existe una pequeña colonia de treinta o cuarenta familias que emigraron a causa de la guerra civil española, o bien buscando oportunidades de trabajo como técnicos y hombres de negocios. La colonia de Bogotá tiene su propio club social (2)”.

Además de la mencionada investigación, pasé unos días en el precioso Campus de la Universidad de La Sabana. Principalmente, trabajé con el tutor de mi tesis doctoral, el profesor José Ángel Hernández García (¡enorme y excepcional fue su ayuda!). Hablé en sus clases sobre la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva polaca. Después de las experiencias de los españoles que viven allá, los estudiantes colombianos me sorprendieron con su seriedad y madurez. Carmen Ruiz, la jefe de asesoría bibliográfica de la biblioteca, me invitó a dar una conferencia sobre la emigración vasca hacia América y, también, a participar en una Velada Literaria de la que salí impresionada por las charlas estudiantiles sobre la belleza de la palabra escrita.

Recordando Colombia, ¿cómo no mencionar el lenguaje? Me cautivó la abundancia de las palabras chistosas y simpáticas. Mi primer día empezó con un sermón del conductor, titulado “No hay que dar papaya”. ¡Qué expresión tan bonita! Estoy segura que hasta los delincuentes colombianos nunca se olvidan de decir “gracias”’, “’por favor” y “muy amable”.

No obstante, lo más importante para mí fue la gente, absolutamente todos extremadamente amables y encantadores, incluso cuando en el Archivo me comunicaron que me habían fotocopiado mal todos los visados de los emigrantes vascos que había pedido. Espero volver pronto a Colombia, esta vez como turista, y poder conocer profundamente el resto del país. De momento, solamente me quedan mis amigos colombianos y los libros. A la vuelta leí Leopardo al sol de Laura Restrepo. ¡Y de nuevo me invadieron todos los estereotipos!

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1. Bilbao Azkarreta, Jon (coordinador); América y los vascos. 1492 – 1992; Hernani, Gipuzkoa; Deia; 1993; p.19.
2. Douglass, William A.; Bilbao, Jon; Amerikanuak. Los vascos en el Nuevo Mundo; Leioa, Bizkaia; Universidad del País Vasco, D.L.; 1986; p.210.
*Ania Barczyk, del Departamento de Historia Medieval, Moderna y de América de la Universidad del País Vasco, realizó una breve estancia entre nosotros durante el mes de septiembre con el fin de adelantar la investigación que lleva a cabo (co-dirigida por el doctor Hernández, de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de nuestra universidad) sobre el exilio vasco en Colombia. Obtuvo su Máster en Historia Contemporánea en la misma universidad en 2011. Entre 2004 y 2008 realizó Estudios de la Cultura Latinoamericana (Historia, Literatura, Relaciones Internacionales, Arte) en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, donde también en 2005 se licenció en Filología Hispánica con una tesis titulada El desarrollo del compromiso político-social en la obra de Mario Vargas Llosa: el mundo de las dictaduras, los militares y la Iglesia.

1 comentario

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Una respuesta a “Una polaca en Bogotá

  1. Luisa Margarita Henao Gutiérrez

    Excelente. Siempre me agrada leer la percepción de los extranjeros sobre nuestro mágico y a veces perturbador desorden.

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