La astronomía y el placer del descubrimiento


Por: Sergio Martínez

En estos últimos meses se han difundido ampliamente varias noticias acerca de diversos eventos astronómicos de especial importancia, tales como el tránsito de Venus a través del disco solar en junio (que ocurrirá nuevamente dentro de 105 años), la “lluvia de estrellas” de las Perseidas a mediados de agosto (conocida también como “Lagrimas de San Lorenzo”) y la “Luna azul” el pasado 31 de agosto, evento que no se repetirá sino hasta julio de 2015.

Estas noticias permiten que se vuelva la mirada al cielo y se despierte algún interés masivo, por lo menos momentáneo, por las maravillas que aguardan a ser re-descubiertas por todos nosotros. Pero, más allá de estos magníficos eventos, ¿cuándo fue la última vez que miraste atentamente al cielo estrellado? ¿Has notado que desde hace unos meses no encuentras en el temprano cielo nocturno el tradicional Cinturón de Orión, también conocido como las “3 Marías” o los “3 Reyes Magos”, como sí ocurre en otros meses? ¿Has notado que en cambio podemos observar la constelación de Escorpio, una de las más evidentes de la bóveda celeste con su estrella roja brillante, Antares? ¿Eres consciente que si miras en dirección a ésta constelación, en realidad estás dirigiendo tu mirada hacia el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, una de las maravillas más espectaculares que es posible ver a simple vista?

Si has notado esto, quiere decir que has prestado atención a los evidentes cambios que ocurren en el firmamento. Quiere decir también que de vez en cuando alzas la mirada y observas por algunos momentos las maravillas que cada noche devela el cosmos. Y que como yo, también echas de menos los objetos que perdemos de vista a causa de la contaminación lumínica de los grandes centros urbanos.

Desde hace algunos meses descubrí lo mucho que disfruto observar el cielo estrellado y he empezado a identificar algunos de los diversos objetos celestes que a simple vista se presentan cada noche ante nosotros: los detalles lunares, planetas, nebulosas, galaxias, constelaciones y sus estrellas notables, que desde siempre han maravillado a los habitantes de todo el planeta. Además, tiene cierto romanticismo saber que la bóveda que observamos en este momento, es prácticamente la misma bóveda que en su momento observaron los principales astrónomos de la historia, desde Hiparco hasta Hubble, pasando por Ptolomeo, Copérnico, Kepler y Galileo.

Pero, ¿qué tiene de especial conocer el cielo nocturno, así mismo describir algunas constelaciones y algunos objetos de la bóveda celeste? Además de reconocer la inmensidad del universo del que somos parte, de admirar las maravillas de la naturaleza y hasta por ubicación espacial, yo lo describo como la emoción del descubrimiento personal, de verse capaz de unir una a una las estrellas, abstraer las líneas hasta formar esas misteriosas figuras llamadas constelaciones, conocer la mitología detrás de ellas, sorprenderse con la gran imaginación de las antiguas civilizaciones que dieron estas peculiares formas y hasta atreverse a proponer figuras más lógicas para cada observador.

El placer de descubrir que esas pequeñas “manchas” del cielo estrellado, esos objetos que causaron mucha curiosidad antes de la invención del telescopio en realidad son enormes nebulosas o guarderías de jóvenes estrellas que en su mayoría hacen parte de nuestra propia galaxia. Observarlas detalladamente con binoculares o telescopio y descubrir que lo que vemos a simple vista no es nada comparado con todo lo que podemos adentrarnos en el universo.

Comprender que observar la bóveda celeste es viajar al pasado dadas las increíbles e inimaginables distancias interestelares. Comprender que muchas de esas estrellas, galaxias y nebulosas ya no existen, pero que aún vemos su rastro de luz desde la Tierra, etc.

Descubrir… comprender… imaginar… abstraer… reflexionar… maravillar

En la colección física de la Biblioteca existen algunos libros bastante interesantes acerca de los diferentes fenómenos astronómicos y su explicación, pero encontré sólo uno dedicado a la descripción de los objetos celestes que pueden ser observados a simple vista.

  • 523.1 Z71s – Stars: a guide to the constellations, sun, moon, planets and other features of the heavens / Herbert S. Zim y Robert H. Baker. Nueva York, N.Y. : Simon and Schuster, 1956.

Afortunadamente, también existen varios libros electrónicos disponibles de gran utilidad para este fin, tales como:

Espero que lo disfruten.

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