El bibliotecólogo y los servicios de extensión


Por: Claudia Virginia Becerra Márquez

Durante el poco tiempo libre que me queda trato de mantenerme al día con las novedades del mundo bibliotecológico, ya que un profesional de la información que no esté actualizado con las tendencias y novedades que aparecen vertiginosamente en esta profesión, está sin lugar a dudas y aunque suene fuerte, condenado a desparecer de este gremio cada día más competitivo.

Una de mis actividades -y fuente rápida de información- es la lectura de Blogs y precisamente navegando por el blog peruano Bibliotecología y Literatura me encontré con el artículo:  “Redención mediante la lectura: Novedoso programa penitenciario para acortar sentencias carceleras”  que me hizo recordar una interesante ponencia que tuve la oportunidad de escuchar sobre servicios de extensión de promoción de lectura en cárceles de Lima y cómo esta clase de programas mejoraba la calidad de vida de los internos.

“En el estado de Minas Gerais de Brasil se viene experimentando un novedoso programa penitenciario que consiste en acortar las sentencias carcelarias mediante la lectura. El interesante programa consiste en reducir un mes y medio de sentencia cuando uno lee, una docena de libros en un año. Para asegurarse de que realmente los reos que se acogen a este beneficio han leído y entendido la lectura, los reos deben escribir con sus propias palabras un resumen de cada libro leído, el cual es revisado por un juez. Se exige un máximo de 12 libros elegidos de acuerdo al interés de los reos, por año, a cambio de la reducción de 48 días de condena. El programa ya esta en práctica y tiene su acogida.”

Mejorar la calidad de vida, fuertes palabras que incitan a pensar en el impacto que puede tener una acción simple en un ser humano. Aunque a veces no lo parezca, el profesional de la información tiene un reto inmenso con el entorno y consigo mismo.

La idealización de ayudar a construir una sociedad mejor –instrucción clara durante la vida universitaria- y que todos en algún momento tomamos como bandera al ejercer nuestra profesión, poco a poco se va olvidando en el quehacer técnico, en el cumplimiento de metas y objetivos profesionales con el fin de lograr ese crecimiento profesional que todos anhelamos, actividades que van desplazando el componente social de nuestra profesión.

La riqueza que le brinda al ser humano la lectura a cualquier nivel es una sensación indescriptible y que solo se puede materializar al vivirla, el rostro de un niño en un hospital, de un hombre en una celda, de un adulto mayor en un hogar geriátrico al entrar al mundo fantástico de un libro, sin lugar a dudas es una muestra del impacto, del mejoramiento de esa calidad de vida independientemente de su situación.

Éstos olvidados usuarios son los que debemos recuperar, son los que hacen que aportemos a la construcción de una mejor sociedad, de un bibliotecólogo mejor.

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