No renuncio a los libros impresos, así ya los den sin bolsa


Por: Iván Alonso Alarcón

En la semana de receso que recién terminó nos sobró tiempo para dedicarnos a asuntos que normalmente no hacemos y que nada tienen que ver con nuestra actividad en el campus. Aprovechamos para ir a cine, descansar en la casa, o estar hospedados en alguna parte y visitando lugares.

En mi caso la rutina y el apego no han dejado que renuncie a la vida citadina, me quedé en la ciudad, pero me tracé el fuerte propósito de evitar encender mi computador, conectarme a Internet, esconderme de Facebook, y hacerme el de la vista gorda con los correos electrónicos.

Y en esa declaración de tregua con la tecnología estaba no leer ni un solo ebook de los 30 títulos que he conseguido por aquí y por allá, y que conservo en mi tableta desde el mes de marzo cuando decidí dar el paso y hacerme a una.

Con bastante tiempo de sobra es imposible dejar de encontrarse andando por las librerías en los centros comerciales, y más cuando son tan grandes que la mitad de sus ventanales son libros. ¡Pues bueno! Uno no se resiste ¡Echemos un vistazo!, volviendo a lo básico y dándole la espalda al libro electrónico que aunque práctico y eficiente, jamás se podrá comparar con uno impreso.

Siempre nos ha gustado esa práctica de “hojear” en las tiendas de libros, así haya apps en las tiendas virtuales que simulan la revisión, yo prefiero quedarme con “mejor a la antigua”, sentir la experiencia que nos transmite tocarlos, abrirlos, pasar las hojas, sentir su aroma, levantar la mirada hasta lo alto del estante y hasta girar la cabeza dejándose llevar por la forma en la que está ubicado.

Y cuando eso vuelve a pasar en el escenario clásico, y nos volvemos a encontrar con los libros, tan bonitos ahí pavoneándose y robando miradas, pues la nostalgia surge, ya que con el impreso leía desde los cinco años, que me quedaba largas horas en la biblioteca pública leyéndolos, y que hoy consumo más electrónicos, porque ganó la forma de portarlos, y que no deberíamos dejarnos llevar tanto por la tecnología ni darle la importancia a la apariencia.

Y entre hojeada va y hojeada viene, la que se supone eran las dos horas para ir a cine se cambiaron a la lectura de las reseñas de muchos libros de todos los temas, las novedades, los más vendidos. No se nos va a ir ese gusto por hojear libros, y hasta revistas en las tiendas de cadena.

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