¿Democracia e información: una utopía?


Por: Felipe Contreras

Quisiera empezar este pequeño escrito con Habermas, uno de los autores importantes al hablar de comunicación. Para empezar enfatizaré  que la comunicación humana es entendida, como afirma Habermas en su obra “Conocimiento e interés” (1968) como “relación originaria del hombre y la mujer con las otras y los otros y con el mundo, por su naturaleza ética, se constituye en ethos de la especie”.La comunicación es algo esencial para la sociedad, para el hombre, la herramienta para comunicar lo que pensamos, nuestras ideas. Partiendo de su carácter natural, pasaremos a hablar sobre las herramientas para divulgar lo que pensamos hoy en día, ya que no podemos ser indiferentes a la importancia de la comunicación entre la sociedad.

Habermas nos indica que hay una ruptura en el paradigma por lo cual se debe pasar de ser observadores a participantes en la sociedad, y creería que ahora más que nunca podemos realizarlo con las nuevas herramientas de comunicación creadas para la web 2.0. Nosotros cómo profesionales de la información debemos ser los precursores de esta iniciativa, atrayendo a la gente a que participe en discusiones virtuales, a que abran sus espacios en la red y participen, ya no necesitamos de un sistema que nos diga que hacer o cómo realizar estos espacios: hoy en día hay muchos sitios de acceso libre en donde podemos albergar nuestra información (como los blogs por ejemplo). Algo importante es que no necesitamos de un gran proceso editorial para escribir nuestra columna como ocurriría en algún periódico, basta tan solo con saber relatar y redactar nuestras experiencias y están listas para ser publicadas y leídas por varias personas en la red que estén interesadas en un tema en especial.

Lo que escribimos no siempre es lo acertado, puede ser que a las personas no les agrade o al contrario les agrade y es allí donde la acción comunicativa de Habermas surge, hay una comunicación en doble vía, de polémica, de crítica pública donde no siempre se debe llegar a un acuerdo, aunque ese sería el supuesto ideal. De esta forma surge un tipo de democracia visible, plasmada en una comunicación abierta como la describe Douglas Rushkoff con el termino teledemocracia, en donde ya no solo hay consumidores sino ciudadanos en la red, que participan en foros y discusiones que empiezan a hacer parte importante en el mundo político porque esta comunicación es inmediata y puede generar cambio cuando varios o miles de personas pueden estar de acuerdo. Basta con tan solo recordar el incidente de principios del año 2011 en Egipto cuando miles de personas fueron convocadas en la plaza Tahrir por medio de Facebook para protestar contra el gobierno egipcio: días después fue tal la presión al gobierno de Mubarak que este tuvo que dar un paso al costado. Vemos entonces que ahora existen los medios para producir el cambio y la emancipación, ya no de manera violenta, sino mediante la fuerza de las ideas y el diálogo.

Esta emancipación es transparente debido a que se facilita un escenario de controversia para la gente común como nosotros, sin mecanismos ni sistemas que dicten que se debe escribir para favorecer a algunos, sino simplemente para favorecer nuestras ideas ¿Pero qué ocurre si estas ideas son también las de los demás? ¿Si estas ideas no son coherentes? ¿Si no favorecen a la sociedad? Cuestionémonos, no debemos estar más en el burladero de la gran Plaza de las Ferias, debemos entrar y romper el paradigma de la información, una información bien contada, éticamente referida, que genere debate y seguimiento, una información que sea escuchada, una información veraz, sin manipulación…

Somos profesionales en ciencia de la información y debemos formar a las personas para que utilicen estos medios en la comunidad. Nuestro deber no es tan solo brindar y dar a conocer buenas fuentes de información, sino generarlas, fomentarlas y participar de forma crítica. Y si no somos bibliotecólogos ¡También!. Se debe generar este cambio, ingenieros, administradores, periodistas, comunicadores, abogados, profesionales y no profesionales, estamos obligados a generar información que cambie nuestro entorno social con información transparente, ética y moralmente acertada, información buena.

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