Construcción de la memoria


Por: Felipe Contreras

Durante muchos años las bibliotecas han resguardado documentos en sus colecciones, que con el paso del tiempo se han convertido en patrimonio y memoria inmaterial de las sociedades. A nivel nacional las principales bibliotecas que han empezado a dar importancia a esta herencia intangible son la Biblioteca Nacional de Colombia y la Biblioteca Luis Ángel Arango, cada una de estas con sus redes de bibliotecas.

Esta memoria inmaterial permite a las sociedades rescatar documentos que no son recuperables físicamente en el papel, al contrario se rescatan y se recuperan en forma oral por medio del relato, (mitos, leyendas, costumbres, formas de hablar, etc.). Esta recolección permite a las bibliotecas cambiar de paradigma, no cómo sitios en donde se consultan y se prestan ejemplares, sino un centro cultural donde puedan converger tradiciones de nuestras sociedades.

Hay demasiada información valiosa que no es recuperable físicamente pero qué igualmente es importante para la identidad multicultural en Colombia, pero surge una pregunta ¿Cómo poder rescatar nuestra memoria? Colombia es muy diversa culturalmente, cerca de 73 etnias conviven en nuestro territorio nacional con distintas costumbres, idiomas, música y rituales.

El maestro Jaime Humberto Quevedo encargado de la recuperación de la memoria y tradición de la Biblioteca Nacional plantea que la biblioteca debe “salir de sus instalaciones e interactuar con los protagonistas mismos de las tradiciones y hacerlos parte del proceso de recuperación”. La biblioteca debe dejar el rol de autócrata, donde ella sola toma, delega y es protagonista de los procesos de conservación y divulgación; el programa de la biblioteca Nacional de Cartografía de prácticas musicales en Colombia dota a los miembros de las etnias con recursos, equipos tecnológicos para que ellos mismos realicen sus trabajos para luego ser procesados en la Biblioteca Nacional.

Chris Szekely director de la biblioteca Alexander Turnbull de Nueva Zelanda nos dice que debemos ir un poco más allá “se deben formar a los nativos para que sean bibliotecólogos nativos, siendo ellos los responsables en la recolección de información pertinente para la preservación”. Los nativos Maorí en Nueva Zelanda por muchos años fueron ignorados, ahora con la nueva corriente de preservar la cultura de cada país inmersa en el patrimonio y la memoria inmaterial, las bibliotecas se vuelven centro de unificación tomando protagonismo los miembros de las etnias mismas como gestores de información; en donde se avalúan los documentos inmateriales para poder ser preservados y publicados.

Colombia es multicultural cómo lo dice nuestra constitución de 1991 y no podemos ser ajenos a nuestras raíces, la biblioteca cómo se ha dicho antes debe salir y buscar alternativas para recolectar nuestro patrimonio y ponerlo a disposición pública y de acceso libre, ya que tenemos las tecnologías para poder realizarlo mediante la digitalización y la red.

Otro punto para poner en discusión es la divulgación, nuestras tradiciones se deben recolectar, digitalizar y poner a disposición del público. ¡Pero cuidado!, no todo puede ser público. La mayoría de la población en Colombia cree que todas las costumbres étnicas pueden ser publicadas, pero muchas de ellas son costumbres sagradas que no deben ser divulgadas, no se debe traspasar la barrera de los derechos de las etnias; lo que para las personas de las sociedades  puede parecer exótico, para ellos es sagrado y podría atentar contra su cultura.

Por tal razón la idea de capacitar y tener un asesoramiento, acompañamiento de profesionales indígenas en el campo bibliotecológico es una alternativa importante, ellos pueden tener una perspectiva profesional y ética porque conocen sus costumbres y pueden decidir qué se publica y qué no, sin trasgredir  los derechos patrimoniales de sus etnias.

Pero no tan solo son tradiciones étnicas las que conforman nuestro patrimonio inmaterial, nuestras mismas tradiciones sociales, las narraciones orales se han ido perdiendo (cuentos, mitos, leyendas, canciones, juegos) que nuestros padres, abuelos nos relataban y cantaban son también parte de nuestra memoria que estamos en el deber de preservar y dar a conocer. Esta identidad se ha ido perdiendo inclusive los relatos de los juegos qué algunos de nosotros alcanzamos a vivir, antes de que irrumpieran los Smartphones y las Tablets.

Qué bueno sería recuperar las costumbres sociales que durante muchos años nos acompañaron.

En consecuencia el fin de las bibliotecas no es tan solo el servicio tradicional de prestar y consultar, también es preservar la cultura, la memoria, ser el centro de iniciativa para recordar lo que somos cómo colombianos multiculturales, para que podamos encontrar y rescatar nuevamente nuestras tradiciones.

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