Internet: incidencia cultural e intelectual


Por: Yanet Tello Viteri

“Mientras disfrutamos de las bondades de la Red ¿estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar con profundidad?”

De nuevo Internet cuestionado,  y esta vez acerca de cómo influye en las capacidades lectoras y en el modo de conocer.  Se dividen las apreciaciones, algunos destacan cómo la Red facilita el acceso a una mayor cantidad de información en menos tiempo, lo que permite al cerebro asimilar más datos y reaccionar a los estímulos con mejores reflejos.

En esta oportunidad el escritor americano, Nicholas Carr [1] quien con base en una intuición salida de su propia experiencia observó cómo había perdido su capacidad para leer textos largos, se había acostumbrado a los acelerados cambios de pantalla que le permitían acceder a distintas fuentes de información en chispazos instantáneos, con la dolorosa consecuencia de que le costaba concentrarse en secuencias de textos más extensos, apreciaciones que lo llevan a cuestionar las bondades de la Red, dice que:

  • El uso constante de la web está afectando la biología cerebral y alterando la forma de pensar ya que da paso a la superficialidad y a la distracción.
  • Las primeras víctimas son la atención y la concentración, pues Internet facilita el acceso a una gran cantidad de contenidos a cambio de no permanecer con la mirada fija en ninguno de ellos
  • La pantalla privilegia lo visual. Internet favorece las comunicaciones intuitivas transmitidas en códigos icónicos
  • El escrito lo mental.  El papel invita al diálogo reflexivo y por tanto crítico y creativo, todo necesita un tiempo de maduración para poder ser asimilado
  • Internet nos quita ese tiempo, a la vez que lo desperdicia al mostrar continuas invitaciones al consumo de datos, imágenes y sonidos muchas veces irrelevantes.
  • Se está devaluando lo que solía ser central el pensamiento intelectual, el pensamiento profundo y creativo de los científicos y pensadores.

La mente según los expertos, es que buena parte de las más profundas, conceptuales, críticas y creativas vías de pensamiento son posibles al aislarse de todo tipo de distracciones pero Internet lo que permite es inducir a participar de una distracción permanente, lo que propicia mentes superficiales incapaces de pensar profundamente, de analizar, de concentrarse

Igualmente hace alusión a que desde el punto de vista neurológico y cerebral no es lo mismo leer un libro en soporte de papel que un libro electrónico, ya que leer en una pantalla es una experiencia muy diferente, el electrónico es una tecnología del mismo modo que Internet es una tecnología, el libro en pantalla no aísla de otras distracciones, como mensajes, videos, audios, e-mail, Facebook, etc., es evidente que resulte más difícil leer con atención a diferencia de una página de papel pues cuando se abre un libro la característica esencial es que se aísla del entorno y de todo tipo de distracciones.  La atención se centra en la historia, el argumento por un período de tiempo, el libro enseña a prestar atención.

El nuevo tipo de lectura se caracteriza ahora por una rápida sucesión de ojeadas a titulares llamativos, etc., identificado por los expertos como una mutación de los mecanismos mentales y físicos adaptados durante siglos para la lectura.

Finalmente dentro de la diversa gama de profesionales en todas las áreas del conocimiento que están investigando en torno a la temática sobre las implicaciones del uso de Internet expuestas en este escrito, entre otros, como J. Grafman, Jefe de la Unidad de Neurociencia Cognitiva del Instituto Nacional de trastornos Neurológicos de Estados Unidos, explica que el constante desplazamiento de la atención cuando se está online  hace que el cerebro sea más ágil a la hora de realizar múltiples tareas, pero mejorar la capacidad multitarea perjudica la capacidad para pensar profunda y creativamente. Asegura Grafman que a más multitareas, menos deliberación, menor capacidad de pensar y razonar un problema, además no rendirá lo mismo que si se centrara en una sola cosa cada vez, la “nueva riqueza en inteligencia visual-espacial, va de la mano con un debilitamiento de las capacidades para el tipo de procesamiento profundo en el que se basa la adquisición consciente de conocimiento, el análisis inductivo el pensamiento crítico, la imaginación y la reflexión (Science, 2009),  aquí cabría lo que dijo el filósofo romano Séneca “estar en todas partes es como no estar en ninguna parte”.

El debate en torno a Internet queda planteado y abierto en cuanto a que así como se aprecian las ventajas también surgen cuestionamientos que se podrían reflexionar en torno a que la acción humana se impone sobre el objeto técnico ya que se debe atender el por qué y para quién de su uso, antes que al cómo.


[1] Adelantó sus estudios universitarios en la Universidad de Harvard. Profesor de literatura, colaborador habitual de medios como The Guardian o The New York Times, miembro del Consejo Editorial de Asesores de la Enciclopedia Británica, se desempeñó como director ejecutivo de la Harvard Business Review entre otros. Es un prestigioso analista del impacto de las nuevas tecnologías sobre la sociedad contemporánea, nominado a los premios Pulitzer 2011 con uno de sus libros.

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