La biblioteca al banquillo


Por: Felipe Contreras

En este mundo globalizado por la información, la biblioteca tiene una responsabilidad social muy importante frente a la divulgación de la información y derechos de autor: si reproducir o no, si divulgar o no…

La información circula en la red traspasando las fronteras físicas de los países, por tal razón el derecho y la información debería traspasar también dichas fronteras y llegar a una normalización legislativa (ley general) en el campo de los derechos de autor, para que la información pueda ser consultada con igualdad en pro del derecho fundamental, el de estar informado. Tan solo en América Latina los países de la comunidad Andina (Colombia, Ecuador y Perú) le dan privilegios a la biblioteca (copia y préstamo) en pro de la educación, pero aún existen vacíos en el acceso libre y divulgación.

La tecnología es una gran herramienta para las bibliotecas ya que para ofrecer su acervo no necesita de ejemplares físicos permitiendo a los usuarios consultar sin que se agoten los recursos. Es aquí donde la biblioteca se ve cohibida,  ¿Qué hacer si la sociedad necesita información y esta se encuentra protegida por el derecho de autor?  ¿Podemos copiar, descargar e imprimir en beneficio de la sociedad?

Los países en vía de desarrollo son los más perjudicados, ya que al no contar con los recursos para comprar el acceso a la información se ven obligados a no acceder o simplemente a descargar está en contra del derecho, perjudicando así el desarrollo de la sociedad al no brindar recursos informativos pertinentes y actualizados.

Mientras el derecho evoluciona hacia la era de la información, debemos buscar soluciones alternativas para esta problemática. Una respuesta podría ser generar convenios de intercambio de información entre las bibliotecas nacionales de cada país, que trasciendan hacia las bibliotecas públicas, a partir de las herramientas digitales disponibles, para así facilitar la libre circulación de información que beneficie a las sociedades de cada país.

Ahora bien, alcanzar esta meta no es posible si antes no hay una concertación general en el ámbito legislativo que regule de manera equivalente el intercambio de información con los derechos de autor por lo cual se deben revisar primero las legislaciones internas para poder así llegar a un acuerdo conjunto. De igual manera también es necesario conseguir el apoyo de las bibliotecas naciones que estén dispuestas a abrir puertos digitales y utilizar los distintos protocolos de información.

Es tan solo una opción de cooperación enfocada a la sociedad que se conecta a diario buscando información para su desarrollo personal o académico.

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