El usuario como actor central


Por: Viviana Colmenares

El elemento fundamental de cualquier biblioteca es el usuario, ya que interviene en casi todas las operaciones de la cadena documental. En tanto beneficiario de servicios, consumidor de información, interesado en las fuentes de información y en las comunicaciones, el usuario ya no es un ente pasivo, pues sus actividades, su quehacer y sus necesidades son las que dan vida a las bibliotecas. Hoy todo usuario tiende a ser un navegante y un investigador. Sus requerimientos producen efectos, no sólo en la circulación y almacenamiento de información y conocimiento, sino también en su producción, pues los procesos de apropiación que desarrolla y que deben ser potenciados y facilitados por la biblioteca se vuelven cada vez más exigentes y de primer orden para las fuentes de la información.

Los usuarios son ellos mismos fuentes y conocerlos es la mejor manera de mejorar las bibliotecas y de insertarlas en nuestras sociedades cambiantes. Se han convertido en generadores de nueva información y de nuevos conocimientos. Los usuarios, en este sentido, se definirían entonces como esos individuos o grupos de personas con la capacidad de enfrentar diferentes realidades, circunstancias y nuevos problemas, que los lleva a identificar requerimientos informacionales precisos para la solución de dificultades y que usan la información para la toma de decisiones. Desde el punto de vista solamente individual, las bibliotecas deben seguir permitiendo y respetando como hasta ahora la posibilidad de exploración de sí mismo a través de la libre navegación por el pensamiento de los otros.

Resalto la postura de Mónica Izquierdo cuando afirma que las actitudes, hábitos, comportamientos, necesidades, deseos y preferencias de los usuarios son un “conjunto de estudios que tratan de analizar cualitativa y cuantitativamente la interacción entre la información en todas sus dimensiones y el usuario, incluyendo en su valoración el contexto situacional o pragmático en el que éste se inscribe”[1]. De ahí la importancia de la actualización permanente de las colecciones de las bibliotecas, de la ampliación de servicios y redes, de la mejora en la oferta y variedad de productos y políticas nuevas. En suma, cada biblioteca debería trabajar cada vez más en el conocimiento de los usuarios y sus necesidades. Y entender estas no sólo como carencias informativas o como el conjunto de datos requeridos para cumplir unos objetivos determinados, sino como un valor agregado para mejorar toda la biblioteca.

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[1] IZQUIERDO ALONSO, Mónica. Una aproximación interdisciplinar al estudio del usuario de información: bases conceptuales y metodológicas. En: Investigación Bibliotecológica. Vol.13, no. 26 (ene.-jun., 1999) p.124

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