Alejandro Llano presenta en Bogotá Segunda navegación, la segunda parte de sus memorias


Por: Carmen Ruiz

Alejandro Llano es considerado uno de los filósofos españoles más reconocidos. Se ha ocupado de casi todos los terrenos de la Filosofía. De ello dan cuenta sus numerosas publicaciones, entre las que destacan los libros Ética y política en la sociedad democrática, Metafísica y lenguaje, El humanismo en la empresa, Humanismo cívico, El diablo es conservador, La vida lograda, Deseo, violencia, sacrificio, Cultura y pasión, En busca de la trascendencia o Metafísica tras el final de la metafísica, entre otros. Actualmente es presidente del Instituto de Antropología y Ética y es profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra.

El pasado 7 de diciembre tuvo lugar en la Fundación Santillana la presentación de  la segunda parte de sus memorias. El tono fue el de una animada conversación con Amalia Quevedo y Joaquín Polo. Las dos horas que duró nos supieron a muchos a poco.  Al hilo de las preguntas de los profesores de esta universidad, el filósofo español, maestro sabio y entrañable, fue desgranando los temas de esta Segunda navegación, que profundiza en su parte profesional y humana.

En primer lugar explicó el título del libro: “Cuando el Fedón platónico propone esta bella metáfora –‘segunda navegación’- se está refiriendo a un ulterior y más arduo intento de aclarar el enigma filosófico que se dilucida en esas horas, tensas de emotividad que anteceden a la muerte de Sócrates. Leí por  primera vez este texto en el invierno de 1960 […]. Me impresionó hondamente la idea platónica de que, una vez llegado al punto de mayor dificultad, es preciso emprender una segunda singladura. Convertí la expresión déuteros ploûs griega en mi lema de trabajo y hasta de vida. Sin especial patetismo, me di cuenta de que, al optar –contra toda conveniencia y frente a consejos sensatos y veladas amenazas- por dedicarme al estudio de las humanidades, había tomado el rumbo más arriesgado y prometedor. Y desde entonces, con esta divisa en la mente, he procurado que mi navegación profesional y humana no esté hecha de pacíficas inercias, sino más bien de discontinuidades rompedoras”.

Si en Olor a yerba seca, la primera parte de las memorias, primaba la vivencia cronológica, en esta Segunda Navegación no hay continuidad temporal y predomina la reflexión sobre la anécdota. Lejos de pensar que la filosofía requiere el apartamiento del mundo, Llano ha sido siempre un intelectual comprometido con lo público. Su mirada lúcida ha analizado crítica y valientemente, en sus columnas periodísticas semanales, y en sus ensayos, la situación política actual, la crisis de la enseñanza universitaria, la necesidad de una regeneración cultural de la sociedad…

Cuando le preguntaron por su gran pasión, respondió sin dudar: enseñar. Los que hemos tenido la suerte de tenerlo como profesor en la universidad podemos dar fe de ello. Alejandro Llano es un auténtico maestro de la vida. En el libro rinde homenaje a los que fueron sus maestros: Antonio Millán-Puelles, Florentino Pérez-Embid y Fernando Inciarte. A ellos dedica estas palabras: “Maestro es quien deja huella en tu vida, porque logra algo que quizá él no pretende directamente, pero constituye para ti un extraordinario beneficio. El maestro te enseña o, mejor, tú aprendes de él. Para ser maestro, una de las condiciones necesarias es no pretender serlo. Quien va de maestro por la vida suele ser un pedante de mucho cuidado. De otra parte, los que se quejan de no tener maestros posiblemente no los encontrarán. Porque el maestro comparece cuando el aprendiz está maduro y, por lo tanto, es capaz de reconocerlo, y no pocos parecen musicalmente sordos para detectar el talento de quien podría guiar su aprendizaje”. Estos son los grandes compromisos de Llano además de lo público: sus alumnos, la defensa de las humanidades, la cultura, Dios.

Las risas estallaron en el auditorio de la Fundación Santillana cuando Joaquín Polo le preguntó por el capítulo del libro titulado “Mi único vicio”. Y es que el profesor Llano es un lector compulsivo, de novelas principalmente. “Mi experiencia me dice que quienes se dedican a la filosofía son más aficionados a la narrativa de ficción que a la historia […]. Una de las notables adquisiciones del pensamiento reciente es haber destacado el carácter narrativo de todo discurso humano, sin excluir la ciencia. Se entiende de verdad algo cuando se narra, porque entonces se aprecia cuál es su curso y su finalidad, el interno dinamismo que lo constituye y lo distiende. La lectura está estrechamente ligada a la comprensión. […] El vicio de la lectura es el incontenible afán por comprender –como dice Whitehead a propósito de la filosofía- de qué va todo esto. Aunque nunca ha cesado mi veneración por la poesía, y la necesidad de leer ensayos (e incluso de escribirlos), el género que prefiero es la novela. Nunca me he dedicado a teorizar esta afición mía. Ahora se me ocurre decir que, al leer novelas, vivimos otras vidas y exploramos más a fondo la nuestra”.

Deja un comentario

Archivado bajo Temáticas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s